Amor al Mar
Bella noche, una hermosa noche de verano. Habitualmente salía a caminar pero esta noche no, simplemente se quedó. Estaba cansado de salir a buscar en la costa lo que no encontraba en tierra, alguien a quién amar. Pero al fin recapacitó y descubrió que el amor no era un sueño que había de ser perseguido, sino que simplemente aterrizaba en la vida de las personas el día menos esperado. Pasaron las horas y él no se movió de su sillón frente al hogar… Hermosa noche.
Aunque casi lo confiesa, se quedó callado. Y era que no quería admitir que no creía en su nueva reflexión, y que seguía fiel a su antigua doctrina, la noche era cálida, y la brisa detrás de las ventanas temblorosas lo llamaba, era el canto de una sirena, era el resoplar de su alma. Con su abrigo puesto abrió la puerta y sin mirar atrás abandonó su razonamiento por un poco de mar, y se dirigió a la arena, esa que ahora reflejaba el plateado de la luna.
-¿Dónde estás?-
Se despertó en medio de su sillón, pero no quería abrir los ojos, al final el razonamiento y su nueva teoría lo habían vencido, y no había ido jamás a pisar la bruma, todo había sido un sueño. El Sol todavía no había salido y no le interesaba la hora, en su vida no había luz, así que para él siempre era de noche.
Bella noche, una hermosa noche de verano. Vacío como su botella, cerró los ojos. Volaba en la noche por sobre las nubes, a la par de la Luna, y en su vuelo, se encontró con una gaviota, ella también disfrutaba de la lumbre astral. ¡Qué hermosa noche!
Ambos daban tirabuzones, mientras se acercaban y alejaban el uno del otro, atravesando colchones espumosos. Cansados ya de volar descendieron lentamente hasta la arena, donde durmieron unos días. La noche siguiente volaron nuevamente salpicando de más estrellas el firmamento hasta que él, torpe, se fue a chocar con la Luna y la apagó, y de un momento a otro todo se volvió penumbras. Despertó transpirado mirando las brasas.
Se acercó a la ventana, y se sintió más débil de lo habitual, indagó en la oscuridad de la playa hasta que vio lo que quería ver, la gaviota. . Con su abrigo puesto abrió la puerta y sin mirar atrás abandonó su razonamiento por un poco de mar, y se dirigió a la arena, esa que ahora reflejaba el plateado de la luna.
Caminando lentamente fue acercándose a la gaviota, hasta que algo le golpeó la cabeza… todo se puso negro, ¿qué había podido golpearlo tan fuerte, para haberlo matado? Descubrió que no estaba muerto y que simplemente se había caído la Luna, tan simple... Lo único que ahora iluminaba era esa roca caída que llevaba en las manos. Fue a buscar a su compañera, donde estaba antes de la caída, pero no la encontró, y triste, tan triste cómo podía estarlo un hombre después de encontrar al amor de su vida, tragó la piedra y fue caminando lentamente al mar. La hermosa piedra que antes iluminaba su agonía, ahora lo hundía, el escabroso mar que antes templaba sus lamentos era ahora su patíbulo, y la hermosa gaviota, esa que había sido objeto de su amor, respuesta a sus suplicios, se encontraba despreocupada volando los cielos, observándolo…
miércoles, 15 de abril de 2009
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