BAKUNIN ADMIRADOR DE SATANÁS
Satanás o Satán es el término por el que las religiones abrahámicas designan a una entidad suprasensible que representa la encarnación suprema del Mal, aunque en realidad otros pueden verlo como el que se rebeló a Dios. En las religiones judía, cristiana y musulmana es llamado el Príncipe de los Demonios o Príncipe de las Tinieblas.
La caída de Lucifer [editar]
La tradición de la Iglesia Católica señala que Lucifer (del hebreo "HEYLEL" en latín "Portador de luz") era el ángel más hermoso de todos, antes de caer era el querubín protector, músico, se cree que era el director de la alabanza a Dios, su posición era la más encumbrada de todos los seres angelicales que Dios creó. Cuenta la leyenda que al ver su poder, belleza e intelecto, deseó ser superior a Dios. Así que formó un ejército de ángeles rebeldes que se enfrentaron a otros ángeles y a Dios. Hubo una batalla sangrienta en la que Dios salió victorioso y terminó por castigarlos. Satanás cayó en las sombras del infierno y allí hizo su reino el cual compartiría con sus ángeles, los cuales también fueron expulsados del Cielo.
puesto que a lo que en realidad se refería cristo era al régimen opositor, es decir la caída de un régimen que se oponía a la voluntad del ETERNO
En la Biblia se explica el origen del Diablo como uno de los ángeles de Dios que se hizo malvado (Juan 8:44). Se infiere que es una criatura espiritual de la familia angélica de Yahvé Dios (Job 1:6). Según manuscritos antiguos el nombre real de él en el cielo es Lucifer y al llegar al infierno él se cambió el nombre a lucifer para estar en contra de Dios, a causa del deseo por la adoración que todas las criaturas inteligentes rendían al Creador Mateo 4:9. Según mitos no canónicos era el ángel que guardaba el trono del Dios Yahvé, pero por su orgullo de querer convertirse en otro dios fue arrojado del cielo junto a una tercera parte de los ángeles(Ap 12:3-4).
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Ahora bien, aquel que pueda leer entre lineas comprenderá la importante defenestración que hace la religión cristiana del término "rebelde" "revolucionario".Sería ingenuo creer que es desinteresado el hecho de que la fe cristiana ponga en el comienzo de los comienzos de todos sus relatos este MISMO. Como piedra angular de toda su COMPLETA MITOLOGÍA elige el cual el dios, todo omnipotente y omnibondadoso, castiga al primer ser que cuestiona su autoridad e intenta rebelarse contra el, DIOS. y NO SOLO ESO SINO Q TAMBIÉN LO DESTIERRA PARA SIEMPRE Y LE PROHÍBE LA ENTRADA AL, por decirlo de alguna manera, PARAÍSO... les suena conocida esta historia?.. seguramente sí, si escucharon hablar de Adán y Eva. Otros que se atrevieron a cuestionar la autoridad de Dios, y de su mandato infundamentado, donde se les habia prohibido comer del árbol de la ciencia..¡¿el árbol de la ciencia!? sí, la ciencia y la inteligencia, la concepción del bien y del mal, son todas cosas que nos separan de los animales, son esas caracterísitcas singulares que nos convierten en seres razonantes, y son también los atributos que tenía la manzana de ese árbol prohibido por Dios. Creo q esta claro. La banana tiene potasio. Esa manzana tenia a la razón que nos diferencia de los animales.. sin embargo Dios no quería que la tocáramos, y el Diablo si.
Dios no quería q pensaramos?
bueno que dice bakunin¡?
Había un rasgo común entre los ideólgos del Socialismo más radical, todos ellos acérrimos militantes anticlericales... Carducci, Mazzini, Marx, Victor Hugo, obedeciendo al espíritu de la época, adoptaron como estandarte a la figura más repudiada por la religión Cristiana, y se identificaban con Satán en su lucha contra la tiranía y la opresión. Uno de estos ideólogos fue Mikhail Bakunin.
//fragmento de "DIOS Y ESTADO"//
La Biblia, que es un libro muy interesante y a veces muy profundo cuando se lo considera como una de las más antiguas manifestaciones de la sabiduría y de la fantasía humanas que han llegado hasta nosotros, expresa esta verdad de una manera muy ingenua en su mito del pecado original. Jehová, que de todos los buenos dioses que han sido adorados por los hombres es ciertamente el más envidioso, el más vanidoso, el más feroz, el más injusto, el más sanguinario, el más déspota y el más enemigo de la dignidad y de la libertad humanas, que creó a Adán y a Eva por no sé qué capricho (sin duda para engañar su hastío que debía de ser terrible en su eternamente egoísta soledad, para procurarse nuevos esclavos), había puesto generosamente a su disposición toda la Tierra, con todos sus frutos y todos los animales, y no había puesto a ese goce completo más que un límite. Les había prohibido expresamente que tocaran los frutos del árbol de la ciencia. Quería que el hombre, privado de toda conciencia de sí mismo, permaneciese un eterno animal, siempre de cuatro patas ante el Dios eterno, su creador su amo. Pero he aquí que llega Satán, el eterno rebelde, el primer librepensador y el emancipador de los mundos. Avergúenza al hombre de su ignorancia de su obediencia animales; lo emancipa e imprime sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad, impulsándolo a desobedecer y a comer del fruto de la ciencia.
Se sabe lo demás. El buen Dios, cuya ciencia innata constituye una de las facultades divinas, habría debido advertir lo que sucedería; sin embargo, se enfureció terrible y ridículamente: maldijo a Satán, al hombre y al mundo creados por él, hiriéndose, por decirlo así, en su propia creación, como hacen los niños cuando se encolerizan; y no contento con alcanzar a nuestros antepasados en el presente, los maldijo en todas las generaciones del porvenir, inocentes del crimen cometido por aquéllos. Nuestros teólogos católicos y protestantes hallan que eso es muy profundo y muy justo, precisamente porque es monstruosamente inicuo y absurdo. Luego, recordando que no era sólo un Dios de venganza y de cólera, sino un Dios de amor, después de haber atormentado la existencia de algunos millares de pobres seres humanos y de haberlos condenado a un infierno eterno, tuvo piedad del resto y para salvarlo, para reconciliar su amor eterno y divino con su cólera eterna y divina siempre ávida de víctimas y de sangre, envió al mundo, como una víctima expiatoria, a su hijo único a fin de que fuese muerto por los hombres. Eso se llama el misterio de la redención, base de todas las religiones cristianas. ¡Y si el divino salvador hubiese salvado siquiera al mundo humano! Pero no; en el paraíso prometido por Cristo, se sabe, puesto que es anunciado solemnemente, que o habrá más que muy pocos elegidos. El resto, la inmensa mayoría de las generaciones presentes y del porvenir, arderá eternamente en el infierno. En tanto, para consolarnos, Dios, siempre justo, siempre bueno, entrega la tierra al gobierno de los Napoleón III, de los Guillermo I, de los Femando de Austria y de los Alejandro de todas las Rusias.
Tales son los cuentos absurdos que se divulgan y tales son las doctrinas monstruosas que se enseñan en pleno siglo XIX, en todas las escuelas populares de Europa, por orden expresa de los gobiernos. ¡A eso se llama civilizar a los pueblos! ¿No es evidente que todos esos gobiernos son los envenenadores sistemáticos, los embrutecedores interesados de las masas populares?
Me he dejado arrastrar lejos de mi asunto, por la cólera que se apodera de mí siempre que pienso en los innobles y criminales medios que se emplean para conservar las naciones en una esclavitud eterna, a fin de poder esquilmarlas mejor, sin duda alguna. ¿Qué significan los crímenes de todos los Tropmann del mundo en presencia de ese crimen de lesa humanidad que se comete diariamente, en pleno día, en toda la superficie del mundo civilizado, por aquellos mismos que se atreven a llamarse tutores y padres de pueblos? Vuelvo al mito del pecado original.
Dios dio la razón a Satán y reconoció que el diablo no había engañado a Adán y a Eva prometiéndoles la ciencia y la libertad, como recompensa del acto de desobediencia que les había inducido a cometer; porque tan pronto como hubieron comido del fruto prohibido, Dios se dijo a sí mismo (véase la Biblia): "He aquí que el hombre se ha convertido en uno de nosotros, sabe del bien y del mal; impidámosle, pues, comer del fruto de la vida eterna, a fin de que no se, haga inmortal como nosotros."
Dejemos ahora a un lado la parte fabulesca de este mito y consideremos su sentido verdadero. El sentido es muy claro. El hombre se ha emancipado, se ha separado de la animalidad y se ha constituido como hombre; ha comenzado su historia y su desenvolvimiento propiamente humano por un acto de desobediencia y de ciencia, es decir, por la rebeldía y por el pensamiento.